El camino de vuelta desde la iglesia se sintió más largo de lo que realmente era. Tal vez porque cada paso traía más peso, más sombras, más preguntas que no quería formularme. Ivy no había dejado de respirar en mi nuca. Sabía que seguía ahí afuera, siguiendo mis movimientos, anticipando mis decisiones, esperando el momento exacto para hundir los dientes donde doliera más.
Cuando entré al refugio, Verona estaba inclinada sobre el escritorio, varios monitores encendidos, su cabello recogido en un