Capítulo 90. La primera emboscada
El palazzo se alzaba como un cadáver arquitectónico en medio de la llanura nocturna, despojado de sus ventanas, perforado por el viento, iluminado apenas por la luna que caía oblicua sobre sus muros desgastados. Nadie en su sano juicio habría entrado allí. Pero yo ya no tenía juicio, solo un nombre latiendo bajo la piel, marcándome desde dentro: Ethan.
El coche se detuvo a varios metros de la entrada, como si incluso la mecánica tuviera miedo de acercarse más.
Verona apagó el motor sin hablar.