Capítulo 90. La primera emboscada
El palazzo se alzaba como un cadáver arquitectónico en medio de la llanura nocturna, despojado de sus ventanas, perforado por el viento, iluminado apenas por la luna que caía oblicua sobre sus muros desgastados. Nadie en su sano juicio habría entrado allí. Pero yo ya no tenía juicio, solo un nombre latiendo bajo la piel, marcándome desde dentro: Ethan.
El coche se detuvo a varios metros de la entrada, como si incluso la mecánica tuviera miedo de acercarse más.
Verona apagó el motor sin hablar. Dante tampoco lo hizo. La tensión entre ambos era un filamento eléctrico que se extendía hasta mí. Sabíamos que era una trampa. Y aún así estábamos aquí.
—El canal se abrió hace treinta minutos —murmuró Verona, sin levantar la vista de la tableta—. Coordenadas estables. Señal emocional fluctuante.
Sabía lo que eso significaba. Mi huella. Mi corteza. Mi memoria.
El veneno que Ethan me dejó insertado desde antes de que yo supiera que era parte de algo más grande que un matrimonio infeliz.
—No voy