En los días que siguieron a la conversación sobre la nueva generación del campus, empecé a notar algo que al principio me costó nombrar. No tenía que ver con un cambio visible ni con una transformación estructural; más bien era una sensación que aparecía en ciertos momentos del día, como si el ambiente intelectual del lugar hubiera alcanzado una especie de equilibrio que ya no necesitaba demostrarse constantemente.
Durante los primeros años del proceso, cada conversación parecía tener una carga