El aire del campus se sentía más denso, casi eléctrico, como si cada respiración, cada susurro, cada movimiento de hoja contribuyera a un flujo de tensión que no podía ignorarse. Los senderos se extendían ante nosotros como líneas de energía contenida, y la luz del atardecer proyectaba sombras alargadas que hacían que los gestos de los estudiantes se percibieran más nítidos, más significativos, como si cada pausa o inclinación de cabeza contuviera un efecto acumulativo que ahora comenzaba a man