Hubo un día, no mucho después de la conversación sobre el liderazgo invisible, en que comprendí con una claridad inesperada que el tiempo del proyecto había empezado a dividirse en dos etapas muy distintas. No era una separación oficial ni un momento fundacional marcado por algún evento concreto; era más bien una frontera silenciosa que se volvía visible cuando uno escuchaba con atención ciertas conversaciones.
Esa frontera tenía que ver con la memoria.
Había personas en el campus —nosotros, al