El campus se despertaba lentamente en la penumbra de la tarde avanzada, con un aire húmedo que se pegaba a la piel y un viento que movía las hojas secas de manera irregular, generando un murmullo constante que parecía acompañar cada conversación y cada gesto. Caminábamos entre los senderos iluminados por las farolas, observando cómo los grupos se ajustaban con precisión casi imperceptible a los efectos de la intervención calibrada que habíamos sostenido durante semanas. La autonomía del sistema