El campus respiraba de manera diferente aquella tarde, como si cada edificio, cada sendero y cada grupo de estudiantes compartiera un pulso común, una cadencia que se había ido ajustando lentamente durante semanas, hasta volverse casi imperceptible pero inevitablemente presente. Zoe caminaba a mi lado con pasos deliberados, midiendo cada movimiento y respiración, observando cómo los microconflictos que habíamos sostenido comenzaban a estabilizarse en patrones visibles, pequeños ajustes que se e