El campus había cambiado de manera imperceptible, pero decisiva. Ya no se trataba solo de senderos iluminados y grupos dispersos de estudiantes, sino de la sensación de que cada espacio contenía una cadencia propia, un ritmo que se ajustaba al flujo de tensiones y microconflictos que habíamos sostenido durante semanas. Caminábamos entre los árboles y las luces artificiales, y el aire olía a césped húmedo mezclado con la brisa fría del final del día, cada inhalación recordándonos que estábamos i