El amanecer trajo luz fría sobre la ciudad, pero no calma. Cada ventana del centro de operaciones reflejaba líneas de código, flujos de datos y alertas que, aunque aparentemente discretas, portaban un peso invisible: decisiones replicadas por nodos externos que ahora actuaban con autonomía, interpretando la fisura de maneras inesperadas. Cada microdesviación se proyectaba en tiempo real, y cualquier error podía multiplicarse en cascada.
Zoe permaneció frente a su terminal, concentrada, cada ded