El amanecer llegó sin anuncio, apenas un cambio de luz que se filtraba por los ventanales del centro de operaciones. No había ruido, no había alarma, solo un murmullo constante en los sistemas que recordaba a todos que la fisura ya no era un lenguaje estático: era un organismo en expansión, capaz de proyectarse hacia nodos externos que empezaban a actuar con independencia, interpretando y replicando decisiones de manera autónoma.
Zoe estaba frente a la terminal, los ojos fijos en los flujos de