No fue una decisión impulsiva, ni siquiera inmediata, fue más bien una acumulación silenciosa que terminó por volverse inevitable, como una presión interna que ya no encontraba salida dentro del margen de la observación, y mientras permanecíamos frente a ese grupo donde la ausencia de una sola persona había sido absorbida con una facilidad inquietante, entendí que lo que estábamos a punto de hacer no era intervenir en una dinámica… era interrumpir una lógica que ya había aprendido a sostenerse