El mundo comenzó a desdibujarse antes de que pudiera comprenderlo. No fue un destello ni un golpe; fue un desvanecimiento lento, meticuloso, como si alguien estuviera borrando mi existencia línea por línea. Al principio pensé que era cansancio, agotamiento de semanas de huida y caza. Pero sabía que no lo era. No podía serlo. Cada fibra de mi ser reconocía que alguien más había entrado en mi mente, manipulando la sustancia misma de quien yo era.
Intenté recordar la fecha, el día, la ciudad donde me encontraba. No vino. Intenté recordar la ruta que me había traído hasta ese laboratorio móvil. Nada. Solo un pasillo interminable de luces blancas, cables que serpenteaban como raíces negras y un zumbido constante que me perforaba los oídos. Mis manos buscaron algo tangible: la pared, un riel, un borde. Todo parecía igual, uniforme, impersonal.
Ethan estaba allí. Lo sentí antes de verlo, incluso antes de que la puerta se abriera con un clic silencioso. Su presencia era un peso, no físico, si