DANTE
El aire en la mansión estaba cargado, pesado, casi sólido. Cada sombra parecía moverse con intención propia. Los pasillos vacíos resonaban con mis pasos, cada eco era un recordatorio cruel de que Zoe no estaba allí. No podía encontrarla, no podía alcanzarla. Y sin embargo, mi instinto me obligaba a seguir buscando. Cada puerta cerrada, cada corredor silencioso, cada sala abandonada se sentía como un desafío personal que yo debía superar.
Y entonces apareció.
Ivy. No había anuncio, no habí