DANTE
La noche en Nápoles ya no se sentía como hogar, sino como territorio ocupado por sombras viejas. Hacía semanas que no soñaba con Zoe, pero el insomnio se volvía más cruel cuando el silencio era absoluto. A veces, creía oír su voz en los corredores de piedra, como un eco maldito de una vida que no podía recuperar. Otras veces, solo sentía el peso del vacío. El peso del amor… cuando se vuelve polvo.
Me vestí con negro, no por luto, sino porque así me muevo mejor entre los muertos. Paolo esp