Búnker subterráneo — Núcleo central.
Las pantallas se encendieron una por una, proyectando una única imagen:
Mi rostro.
Pero no el que ahora mostraba cicatrices, ira y resistencia. No. Era mi cara infantil. Una niña de cinco años dormida bajo luz blanca, conectada a monitores. Cables entrando por mi cráneo. Electrodos pegados a mi pecho. Ojos cerrados. Piel pálida.
Y detrás… una figura con bata médica. Inconfundible.
Derek.
—¿Qué es esto? —pregunté, con un hilo de voz.
No hacía falta respuesta