La mañana en la ciudad vieja amaneció envuelta en una neblina densa y gélida que parecía devorar los límites de los edificios de piedra. Elara se vistió con la meticulosidad de quien se prepara para una batalla. Eligió un pantalón oscuro de lana y un jersey de cuello alto que ocultaba la pérdida de peso de sus hombros, pero que no podía disimular la palidez casi traslúcida de su rostro. Se miró al espejo y se pasó la mano por su cabello corto, ahora con un corte irregular que ella misma se habí