El laboratorio privado de la mansión Vance era un santuario de tecnología punta, situado justo al lado de la suite médica donde Eleonora permanecía en coma. Para Elara, ese laboratorio era su campo de batalla. Llevaba horas ajustando el suero regenerativo, concentrada en la química del compuesto.
Dejó el vial principal sobre la encimera de acero para cruzar la puerta de cristal que conectaba con la habitación de la paciente. Necesitaba verificar manualmente una lectura en el monitor de signos