Dante regresó a la mansión Vance con los nudillos blancos, apretando el volante de su deportivo como si quisiera estrangular el metal. Estaba perdiendo el juicio. Durante cinco años, había convertido su corazón en un mausoleo sellado al vacío, dedicado exclusivamente a la memoria de la mujer que amó. Había rechazado a modelos, herederas y actrices con una frialdad quirúrgica; ninguna de ellas era capaz de llenar el cráter que Elara dejó al desaparecer en la tormenta.
Pero esa mujer... la Doc