Llegada la noche, el hangar privado del aeropuerto parecía una caja de cristal y acero suspendida en medio de la nada. La lluvia golpeaba los ventanales con un repiqueteo rítmico, y las luces de la pista se reflejaban como líneas borrosas sobre el fuselaje pulido del Gulfstream de la firma Vance.
Dante subió la escalerilla sin mirar atrás. Llevaba el abrigo de lana oscura abierto y una tableta sujeta bajo el brazo. Marcus lo seguía a tres pasos de distancia, cargando dos maletines de piel, m