Elara recorrió el pasillo de la clínica Ríos con la bata blanca bien ajustada, intentando concentrarse en los historiales médicos de la mañana. Sin embargo, su mente seguía atrapada en la noche del sábado y en el hecho innegable de que Dante y ella no habían usado ninguna protección.
La duda de si la medicina de Keller estaba haciendo efecto en el cerebro del magnate le oprimía el pecho con una ansiedad que no la dejaba respirar en paz. Se detuvo un segundo frente a la puerta de su laborator