La mañana del sábado en París se asentó con una luz grisácea que se filtraba por los altos ventanales de la suite presidencial en la Place Vendôme. Los asuntos de la aduana de Lyon y la validación arancelaria con el ministerio francés habían quedado resueltos; el sistema de la central ya mostraba los sellos de conformidad digital. El papeleo europeo estaba cerrado.
Dante estaba de pie frente al espejo del vestidor, abotonándose los puños de la camisa con movimientos mecánicos, exactos. Al sa