La sala principal de la mansión Vance quedó en completo silencio. En el suelo, el desorden de la noche lo decía todo: licor volcado, la alfombra arrugada y los restos de lo que había sido un encuentro salvaje.
Dante seguía tirado de espaldas, con el torso desnudo y un brazo sobre los ojos. Su respiración era pesada. La fiebre por el químico que Elara le había dado ya estaba bajando, pero el colapso de la noche anterior le estaba pasando una factura destructiva. Sentía un dolor de cabeza esp