El Mercedes-Benz se deslizó sobre el pavés de la Place Vendôme, deteniéndose frente a la marquesina de hierro forjado del hotel. Al pie de la escalinata, un botones de uniforme impecable abrió la portezuela. Dante descendió primero; el aire gélido de París le caló los huesos a través del traje. Viviana bajó detrás, acomodándose las solapas del abrigo de cachemira con la soltura de quien regresa a su segundo hogar.
Marcus se encargó del registro en la recepción con la discreción habitual, res