El fin de semana avanzó con la ligereza propia de los tiempos de paz, una sincronía perfecta que la familia Vance saboreaba con una gratitud profunda. Tras el idílico día en el parque de atracciones, la mañana del domingo amaneció con una calidez primaveral que invitaba a disfrutar del presente, envolviendo la residencia en una atmósfera de absoluta tranquilidad.
Para Elara, vestirse esa mañana no fue un acto protocolario de la alta sociedad, sino un festejo íntimo. Eligió un vestido de lino