Elara, sintiendo un estallido de indignación mezclado con alivio, amagó con pegarle en el pecho, pero Dante atrapó su puño en el aire, atrayéndola de nuevo hacia su cuerpo. Ella, aprovechando la confianza recuperada, hizo un pequeño puchero, intentando fingir un enfado infantil, frunciendo el entrecejo con una expresión exagerada de agravio.
—Fuiste muy cruel, Dante Vance. Me hiciste llorar, me hiciste sentir que nuestra vida era un error que debías corregir —dijo ella, estirando los labios e