Al cruzar el umbral de la que sería su aula de clases, las maestras los recibieron con una cortesía impecable y una cálida bienvenida. El salón era un espacio idílico: luminoso, decorado con motivos de la naturaleza, repleto de juguetes didácticos de madera y con grandes ventanales que daban a un precioso patio interno donde el sol de la mañana creaba un ambiente perfecto para el aprendizaje.
—Buenos días, señor Vance, señora Vance —saludó la directora del nivel inicial, acercándose con una