Con un movimiento audaz, Elara abrió la puerta de golpe, golpeando a Camila en el costado y lanzándola hacia atrás. Ambas cayeron al asfalto en medio del caos, rodeadas por el estruendo de los disparos y el olor a pólvora y goma quemada.
Camila se levantó primero, con la pistola apuntando directamente al pecho de su hermana.
—Cinco años, Elara. Cinco años viviendo bajo la sombra de lo que debió ser mío. ¿Crees que después de todo este tiempo, iba a dejarte disfrutar de esta vida? —Camila