El convoy de seguridad de Dante Vance abandonó las instalaciones del Gran Salón Metropolitano con una precisión mecánica. Eran tres vehículos blindados de alta gama, moviéndose como un bloque de acero negro a través de las calles iluminadas por las farolas de la ciudad. Elara, sentada en el asiento trasero del vehículo principal, sentía una extraña inquietud revoloteando en su estómago, una sensación de que el aire dentro del coche era demasiado denso.
A su lado, Mateo dormía profundamente c