HARPER
No podía hablar, solo me quedé allí mirándolo, completamente desconcertada.
Dylan se levantó del borde de la cama y dio un paso hacia mí.
Retrocedí.
Él se detuvo y soltó un suspiro. Sus manos se ubicaron en sus caderas, su mandíbula apretada.
—No entiendo qué te pasa, Harper —dijo con voz seca.
Yo no podía hablar. Mis labios entreabiertos, la garganta cerrada. El corazón golpeaba lento, pesado. Sentía el sudor frío en la espalda, en las sienes.
Bajé la mirada y en completo silencio subí