HARPER
La necesidad de maldecir se me incrustó bajo la lengua, como el veneno de una serpiente, listo para ser escupido antes de volverse letal.
Es mi novio, mi prometido. Claro que podía estar aquí, pero no por eso era más fácil.
Miré hacia la puerta, insegura.
Tal vez no me habían visto llegar. Tal vez podría subirme de nuevo a mi auto, dar marcha atrás y volver más tarde, cuando él ya no estuviera…
Pero no lo hice.
—¡Cariño, por fin llegas! —dijo mi madre al verme cruzar la puerta.
Había una