—G-gracias —murmuré finalmente, aunque mi voz se entrecortaba.
Dante seguía mirándome fijamente, obligándome a desviar la mirada una y otra vez, mientras Dylan sonreía con amplitud.
—Te agradezco, hermano. Harper y yo estamos muy felices.
Mi estómago se revolvió. Era demasiado, todo el peso de la situación me estaba aplastando. La mirada de Dante se fijaba en mí con intensidad, sus labios curvándose en una pequeña sonrisa, una que no alcanzaba a sus ojos.
—Me alegro por ustedes —dijo con simple