Mi respiración se volvió errática mientras mis manos intentaban aferrarse a la taza de té. El líquido tibio se derramó sobre mi vestido, mojando también mis piernas.
—¡Mi amor! ¿Qué pasó? ¿Te quemaste? —exclamó Dylan alarmado, acercándose de inmediato mientras tomaba un pañuelo para ayudarme.
Me levanté bruscamente, y Dylan empezó a secarme.
—Estoy bien, ya estaba tibio —dije con rapidez, intentando sonar convincente y minimizar el accidente—. Creo que me va a dar gripe... Seguramente por eso e