Capítulo 30
Me quedo con las manos aferradas al volante, escuchando cómo el metal del auto cruje levemente mientras se enfría. A través del parabrisas observo la cabaña. Me doy cuenta de que la bolsa de plástico de la farmacia que descansa en el asiento del copiloto parece pesar más que todo lo demás que he cargado en mi vida; es un peso invisible que me aplasta el pecho y me corta la respiración. No sabría cómo explicar el peso que esas tres inofensivas cajas delgadas representan para mí en