Capítulo 32
—Prometiste que seríamos siempre tú y yo, maldito idiota... —sollozo, echando la cabeza hacia atrás contra la pared, mirando al techo oscuro mientras dejo que las lágrimas pesadas se deslicen por mi cara—. Y ahora hay un bebé. Aunque puedo estar aún equivocada. Martha dijo que tenía que hacerlo por la mañana, con la primera orina. Aún hay una pequeña salida de emergencia.
Lloro con ganas, perdiendo el control, pero ya no es el llanto de esta última semana, las lágrimas de la muje