Capítulo 29
Cuando salgo del trabajo, la falta de víveres y la necesidad de comprar analgésicos para un dolor de cabeza horrible que no me da tregua para nada me obligan a ir a la farmacia; allí compraré las cositas que me hagan falta. Como no me queda lejos, decido dejar el auto en el estacionamiento del empleo y caminar la poca distancia que me separa del local.
Al llegar a la pequeña farmacia veo que estoy más exhausta de lo que imaginé. Detrás del mostrador se encuentra Martha, la enfermer