El invierno de 2063 fue el más frío en décadas, pero dentro de la cabaña del fiordo, el calor del amor familiar mantenía a todos a salvo.
Alma crecía día a día, y con ella, la certeza de que algo especial la acompañaba. Desde sus primeras semanas, sus ojos seguían movimientos que nadie más veía, y su sonrisa se iluminaba cuando alguien mencionaba a los que ya no estaban.
—Es como Elin —decía Maja, maravillada—. Pero diferente. Más... quieta.
—Es observadora —respondía Lena—. Ve, escucha, espera