El invierno de 2075 llegó con un silencio que nadie recordaba. No era el silencio del jardín después de la tormenta, ni el silencio de la espera. Era un silencio más profundo, como si la tierra hubiera decidido guardar todas las palabras para sí misma. Los visitantes llegaban al fiordo y se quedaban en la orilla, sin atreverse a pisar el jardín. Algo había cambiado.
Alma lo sintió desde la primera nevada. No era el frío, que era el de siempre. Era una ausencia. La de los murmullos que habían ac