–¿Cuidado? –Sophie suelta una risa breve, hueca. – Incluso lograste alejar a Liam… y eso, Amara, no fue por culpa de nadie más. Fue tu obra maestra– Sophie respira hondo, recoge el sobre y lo coloca de nuevo sobre el escritorio, esta vez con suavidad. –Firma cuando quieras –dice, y su tono ya no es rabioso, sino frío, casi mortal. – Pero no voy a quedarme aquí esperando a que un día decidas que yo también soy prescindible.
Amara la mira sin atreverse a moverse; durante un segundo la distancia