Amara lo observa con una inquietud que comienza como una sombra pequeña en el fondo del pecho, pero que crece con cada segundo que pasa mientras Liam permanece inmóvil frente al televisor apagado, sosteniendo el control remoto con una tensión visible en los dedos, como si el objeto pesara mucho más de lo que debería pesar un simple aparato de plástico, y esa quietud suya, esa manera de mirar la pantalla negra sin parpadear, despierta en ella una sensación extraña, una mezcla de miedo y presenti