La puerta se cierra con un golpe seco que atraviesa la casa como una onda expansiva, y durante unos segundos Amara permanece inmóvil en medio del salón, incapaz de moverse, incapaz incluso de respirar con normalidad, mientras el eco de ese portazo parece repetirse dentro de su pecho con la misma violencia con la que Liam acaba de arrancarse de su vida, dejándola rodeada por un silencio tan espeso que resulta casi irreal, como si el mundo entero hubiese decidido detenerse para obligarla a enfren