Los días pasan con una lentitud insoportable, como si el tiempo mismo hubiera decidido castigar a Amara obligándola a vivir cada hora con una claridad dolorosa, sin permitirle escapar ni un segundo de la cadena de decisiones y malentendidos que han terminado por romper algo que ella había llegado a creer indestructible, y mientras la mansión que alguna vez estuvo llena de voces, de pasos y de pequeñas rutinas familiares se convierte en un espacio demasiado grande para una sola persona, la ausen