El lunes llegó con puntualidad británica… y con la resaca emocional de una gala que aún se comentaba en los pasillos de Brown Enterprises.
Emily había llegado más temprano de lo habitual, con café en mano y una resolución firme: establecer límites.
Porque sí, el vestido fue hermoso, la noche mágica y sí, Albert la miró como si fuera algo más que su asistente y si, a ella le gustó. Pero también estaba comprometido. Con una mujer que, a pesar de ser una Barbie fría y sin una pizca de humildad, er