El despacho estaba en silencio, excepto por el sonido constante del dedo de Albert golpeando contra el borde del escritorio. Un tic nervioso que había regresado desde que vio las imágenes.
No las fotos.
No. Esas ya las había asimilado.
Lo que lo mantenía al borde era el nombre detrás del envío.
—¿Estás completamente seguro? —le preguntó al abogado, con la mandíbula apretada.
—Absolutamente. La metadata del archivo original, el seguimiento del correo físico y las cámaras de seguridad del edifici