La imagen de Albert cargando a Ariadne había dado la vuelta al mundo. Literalmente. Estaba en portales de noticias, revistas del corazón, cuentas de chismes, memes, gifs, TikToks con canciones románticas, y hasta como fondo de pantalla en más de una oficina. La narrativa de la “familia secreta del CEO” vendía como pan caliente. Pero también, como toda historia buena, tenía su villana oficial: Emily.
—“Robamaridos”, “la niñera ascendida”, “la infiltrada del amor”… —leyó Emily en voz alta desde s