Albert no durmió. Tampoco lo intentó.
Después de ver los videos de seguridad, su cuerpo se había vuelto una mezcla de rabia contenida y desconcierto. Se duchó como si pudiera arrancarse de la piel la humillación de haber sido manipulado… otra vez.
La mañana siguiente fue directa. Clara.
—Te vas de aquí, Helena —dijo sin rodeos al verla salir de la habitación con su bata de seda y falsa sonrisa matutina—. Hoy mismo. Y no quiero verte en este penthouse de nuevo.
Helena parpadeó. Lo miró como si n