Desde su escritorio, Emily miraba fijamente la pantalla sin leer nada. La taza de café temblaba levemente en su mano. Ya no era la cafeína. Era el ambiente. Era todo.
Helena había vuelto a aparecer esa mañana con un vestido blanco impoluto, como si fuera a posar para una portada de revista en lugar de estar… merodeando por una oficina que no era suya. Y, como si fuera poco, le había lanzado una sonrisa de falsa cordialidad mientras dejaba una nueva nota sobre su escritorio.
“No olvides dejar li