—¿Tienes pruebas? —preguntó Nicolás con una sonrisa terrible—. Porque los periódicos dicen que las cuentas son tuyas.
Nicolás salió de la biblioteca, dejando a Marcos destruido. El coche lo esperaba. El juicio no se detenía. El show debía continuar, ahora con más urgencia que nunca.
A las 08:30 AM, el Palacio de Justicia era un hervidero.
Periodistas, manifestantes y curiosos se agolpaban en las escalinatas. Cuando el coche blindado de Nicolás llegó, los flashes estallaron como una tormenta elé