El corazón de Valentina latía con una furia impotente, un tambor de guerra resonando contra sus costillas magulladas. La revelación de que Marcos conocía el escondite exacto había transformado el tablero de ajedrez en una pelea callejera.
Marcos, el cerebro financiero, el esposo de la directora, había visto lo que nadie más vio en las cámaras de seguridad: el salto de tres segundos, la pausa cerca del inodoro en la celda de aislamiento. Sabía que el Cuaderno Negro estaba bajo la losa suelta. Y