Soto rugió y lanzó un codazo hacia atrás, golpeando a La Cobra en la boca del estómago. Ella jadeó, perdiendo el aire, pero no soltó su agarre.
La pelea en el pequeño y húmedo baño fue corta, brutal y sucia. Soto era más joven, entrenado en combate militar y mucho más fuerte. La cobra era vieja, estaba cansada, pero peleaba con la desesperación de quien defiende a su cría.
Soto logró ponerse de pie, sacudiéndose a La Cobra como si fuera un insecto molesto.
—¡Vieja estúpida! —gruñó Soto, levanta