—¿Arma? —preguntó Valentina con una inocencia que era más afilada que un cuchillo—. No había ninguna arma, Directora. El libro venía así. Pensé que era un defecto de fábrica... o un lugar para guardar un rosario que alguien robó antes de que llegara a mí.
—¡Mientes! —Carmenza se giró hacia Soto—. ¡Registren todo! ¡Tuberías, inodoros, techos!
Buscaron durante tres horas. Levantaron el suelo (pero no la losa correcta del baño de aislamiento, que estaba en otro bloque). Revisaron la enfermería. Re